En la antigüedad las melodías se aprendían de memoria, esto dificultaba la transmisión de las melodías, ya que cada una dependía de la memoria de su creador o de sus interpretes. Esto siguió así hasta que un monje llamado Guido de Arezzo ideó un método que termino con ese sistema. En un papel dibujó cuatro líneas horizontales donde situó las notas. Las bautizó usando la primera sílaba de siete versos de un himno a San Juan Bautista y de allí surgieron las 7 notas. Do - Re - Mi - Fa - Sol - La - Si. Al crearse la escritura musical esto permitió que las obras crecieran en complejidad y que distintos interpretes pudieran tocar composiciones de un mismo autor como si del mismo se tratara.