Es un dicho comun el decir, me pican las orejas, alguién ha de estar hablando de mi. Sin embargo nunca pensamos en el origen de esta costumbre.
En el primer siglo de la era cristiana se explicaba este fenómeno como un fluido que envolvía a todos y que era disparado por el mal que una persona deseaba a otra; eran considerados símbolos de maldad.
El destinatario era alcanzado aunque se encontrara a gran distancia. Sin embargo, el ardor o picazón, puede deberse a razones naturales.
Cuando alguien nos dice algo desagradable en nuestra presencia, el rubor puede llegar hasta las orejas.