Los componentes de las pilas son altamente contaminantes, como el mercurio, el cadmio y el litio.
Al dejar de funcionar, estos metales son liberados en forma de líquidos e ingresan por vía del agua o el aire a la cadena alimentaria.
Las micropilas de mercurio (chatas y redondas) son las más tóxicas; una sola puede contaminar 600 mil litros de agua. Una pila alcalina (de baja proporción de mercurio y larga duración) contamina 175.000 litros de agua –más de lo que una persona bebe en toda su vida-, mientras que una común puede contaminar 3.000 litros.
Considerado un veneno peligroso, el mercurio puede disminuir la función de los sentidos, provocar úlceras y alterar el sistema nervioso.
Si consideramos los miles de toneladas de pilas que son tirados en basurales en todo el mundo.
Podemos observar que este problema se esta transformando en una bomba de tiempo ecológica lista a reventarnos en nuestras propias narices.