La Escuela Técnica Oficial (ETO) es una gran escuela secundaria en Kigali, gestionada por un sacerdote católico romano británico de 55 años, el Padre Christopher.
Christopher ha pasado casi toda su vida trabajando en África. Durante los últimos 10 años ha estado encargado de la ETO. Aquí, él continúa mientras ha aprendido qué es lo mejor: cabeza baja, tomando el curso de menor resistencia, haciendo amigos por doquier, sin hacer enemigos en ningún sitio.
Pero está cansado de malgastar su ingenio, luchando batallas colina arriba, sueños rotos, su fe puesta a prueba. Y está asqueado por la perspectiva de otro país africano hundiéndose más y más en el lodo del odio étnico y la corrupción política.
Em esta vida, a principio de 1994 llega Joe Connor, un joven acabado de salir de la universidad en Inglaterra, que quiere tener su aventura africana, aunque también ardiente con idealismo que urge a hacer una diferencia.
Carismático, sin pretensiones y amistoso, su vitalidad y su fe parecen haber renovado a los alumnos y la plantilla de la escuela. Incluso el cuidador del campo, Francois, ha sido inspirado para hacer una pista de carreras sobre el suelo rojizo de los campos de juego.
Entre los alumnos está Marie, de 14 años, favorita de Christopher que está ayudándola a preparar su primera Comunión. Joe ha puesto una ‘prueba de tiempo’ para Marie, que es una corredora excelente, y mientras ella acelera en la pista, vemos que la escuela también alberga una unidad de soldados belgas de la ONU bajo las órdenes del Capitán Charles Delon.
Joe y Francois tienen que hacer recados en Kigali. Su viaje en la ruidosa y vieja camioneta escolar les lleva primero a un desvío para presentar a Joe a los padres de Francois.
Joe imprudentemente está de acuerdo en probar la cerveza de banana. Mientras conducen hacia el mercado, son detenidos en un control militar de carretera –Francois parece nervioso pero de nuevo muestra su carné de identificación Hutu relajándose y uniéndose al soldado Hutu que ríe por el maltrato que recibe una pareja Tutsi en el coche de delante, mientras Joe mira pensativo.
Mientras el Padre Christopher también está de visita –primero las monjas del convento, y luego Edda, cuyo hijo Aaron va a la ETO, y que está esperando un nuevo bebé muy pronto.
Ella y Christopher miran aprensivamente al grupo de hombres con sujetapapeles que aparentemente hacen una lista de todas las familias Tutsi de la zona.
En el mercado Joe deja un mensaje para su madre en Inglaterra y luego va a ver a Rachel y Mark, del equipo de la BBC TV con sede en Ruanda. Rachel está nerviosa –acaban de cubrir una reunión de paz y matones Hutu invadieron el mercado y causaron muchos heridos.
De vuelta en la escuela esas preocupaciones parecen lejanas mientras Joe lucha por dar una lección sobre las escrituras, y Padre Christopher celebra la misa y atiende una visita del político local Sibomana, que, como más tarde Christopher informa a Delon, parece excesivamente interesado en el número de tropas de la ONU en la ETO.
Cuando anochece Marie continua corriendo en la pista. Joe sale para animarla pero unos niños le han lanzado piedras a ella a través de la verja mientras gritan “inyenzi”. Joe los asusta. Ella explica a Joe tranquilamente que “Inyenzi” es lo que los Hutu llaman a todos los Tutsi. Significa cucaracha.
Esa noche, 6 Abril de 1994, los soldados belgas se relajan viendo la copa africana de fútbol en TV. Lejos de sus ánimos excitados, el Padre Christopher pasea tranquilamente por los campos de la escuela. Luego la paz se rompe por el sonido de fuertes explosiones.
Los soldados de la ONU se ponen en acción. Hay informes del avión del presidente derribado cerca del aeropuerto. Podría ser un golpe. La escuela ha sido declarada ‘zona de seguridad de armas’ y la ONU se atrinchera.
Christopher le dice a Joe que este tipo de cosas ha sucedido antes. La gente local busca protección en la escuela. Joe debería llamar a su madre de nuevo. Joe está nervioso y le cuesta dormir.
Francois aparece en la puerta de la cocina –hay gente en la puerta-. Fuera de la ETO hay una multitud reunida –buscando refugio dentro huyendo de la creciente violencia en las calles de Kigali.
El capitán Delon no está contento al dejarles pasar –el ve la escuela como una base militar y no como un santuario, pero Christopher le recuerda que es su escuela. Las puertas están abiertas y los ruandeses entran.
Una pareja Tutsi rehúsa aterrorizada explicar su historia al Hutu Francois. Joe no puede entender cómo Francois puede creer que los Tutsis están conspirando para matar a todos los Hutus –¿será propaganda del gobierno?- Edda ha llegado también y le dice a Christopher lo terrorífica que es la situación fuera.
Al amanecer llegan más visitantes a la ETO, esta vez un convoy de emigrantes blancos buscando también refugio de la violencia que sobrecoge Kigali. Delon debe buscarles alojamiento con ‘instalaciones’.
Christopher le obliga pero no sin hacer referencia al trato diferente ofrecido a los ruandeses refugiados. Joe está preocupado porque Marie y su padre Roland no han llegado.
Coge la camioneta de la escuela para buscarlos. Kigali ha cambiado de forma dramática –las calles están ahora vacías, ecos de disparos, y Joe es detenido de nuevo en un control de carretera. Finalmente puede pasar pero no puede apartar los ojos de las mujeres Tutsi detenidas allí, aterradas obviamente.
La casa de Marie está vacía si no fuera por el ladrido de un perro. Joe regresa, destrozado, a la escuela y para su alivio ve que su aluman y su padre han llegado ya y se instalaran con sus vecinos.
La escuela se llena rápidamente, y Christopher y el capitán Delon discuten el mandato de la ONU. Delon insiste en que él está allí para controlar la paz, no para imponerla. Christopher dice que no entiende la diferencia –ni tampoco lo harán los refugiados-.
Es 7 Abril y la carretera fuera de las puertas de la escuela está vacía de forma no natural, aparte del jeep lleno de soldados.
Christopher abre la biblia listo para la misa, y es interrumpido por Delon que ha confirmado ahora que es un golpe.
Las tropas francesas están de camino. Podría ser necesario evacuar. Son interrumpidos por uno de los refugiados -Ngulinzira era un ministro en el llamado gobierno antes de la ruptura del orden.
Entienden ellos, pregunta al sacerdote y el soldado, que el gobierno Hutu planea eliminar a los Tutsi, a todos ellos.
Fuera Marie traduce mientras una mujer aterrada explica a Joe una historia horrible. Él sólo puede intentar confortar a la chica que está destrozada –ellos estarán a salvo en la escuela, hay tantos de ellos que no nada puede suceder-.
Delon informa a los inmigrantes dentro de su bloque de alojamiento. Joe va con Marie a ver a su padre. Los refugiados ahora empiezan a organizar su propia seguridaad y las raciones de comida. Joe desea ayudar, y esto le lleva al conflicto con el Padre Christopher cuya prioridad es hacer misa.
A la mañana siguiente vuelve Sibomana, intentando insidiosamente persuadir a Christopher de que deberían ser los ruandeses quienes deberían estar protegiendo a los ruandeses en la escuela.
Christopher necesita todas sus habilidades de diplomacia. Y está obviamente sorprendido por la referencia casual de Sibomana a los diez soldados belgas que faltan. Delon no tiene información adicional en ese momento.
En las verjas del perímetro la milicia Hutu –los interahamwe– empiezan a reunirse. Su amenaza se está convirtiendo en una presencia física para los que se refugian en la escuela.
Joe sugiere que inviten al obispo a la escuela –¿quizá esto dará un mensaje de reconciliación? La sugerencia irrita a un preocupado Padre Christopher –Las cosas ya están bastante mal como para hacer ese gesto-. Joe encuentra a Marie con un grupo de nisños asustados escuchando un informe de “radio odio” Hutu –“las cucarrachas están en todas partes, se esconden en iglesias, se esconden en las escuelas.”
Luego Joe tiene otra idea –traer a Rachel y Mark, el equipo de TV, a la escuela-. Seguro que con fotos de su situación apremiante en las pantallas de TV de todo el mundo ellos estarán todos a salvo.
Christopher está preocupado por el peligro que corre Joe cuando sale de la escuela a buscarlos. Joe promete llevar un escolta de la ONU. Delon duda pero accede. Luego recibe un mensaje por radio –y su actitud cambia inmediatamente– no habrá escolta. Christopher establece que su cambio de corazón es un resultado directo del asesinato de 10 soldados belgas. Pero Joe desafía a Christopher y se lleva la camioneta de la escuela igualmente.
Su visita de regreso al padre de Francois –con la ingenua esperanza de que Francois podrá de alguna forma salvaguardar a Joe en su misión- es un escalofriante ejemplo de cómo ha cambiado Kigali. La radio odio se oye y el viejo hombre está borracho. Joe debe decidir ir solo.
Encuentra a Rachel y Mark en el Hotel Muraho y los persuade para acompañarle de vuelta a la escuela.
Por el camino se encuentran con otro control de carretera. Los tres son obligados por la terrible milicia a punta de pistola a salir de la camioneta.
Cuando se arrodillan en el suelo Joe mira casi hipnotizado como un Tutsi es llevado hacia la arboleda donde dos hombres lo acuchillan con machetes hasta que yace sin vida.
Joe está paralizado de miedo y terror –y a estas emociones se añade el trago amargo de la traición cuando reconoce a uno de los asesinos- Es Francois –su compañero, ahora llevando machete ensangrentado-. Francois les deja pasar a los tres.
Joe, tembloroso, conduce, sólo hasta que Rachel detenga la camioneta para ver la pesadilla de una familia, padres y niños pequeños, todos asesinados junto a la carretera.
De vuelta en la capilla, habiendo tenido que someterse al número de Hutu ahora fuera de las puertas de la escuela, Joe es confortado por el Padre Christopher mientras Rachel entrevista a Delon sobre su misión.
Delon está a la defensiva mientras ella le presiona sobre si los asesinatos que ella ha presenciado constituyen un genocidio y así se obliga a la ONU a intervenir. “Llame a Nueva York” grita él– él ya lo ha intentado y ha sido incapaz de producir un cambio en su misión por parte del Consejo de Seguridad que toma las decisiones.
Más interahamwe se reúnen. Delon sabe que la escuela está siendo rodeada. El Padre Christoper no puede entender por qué los soldados belgas fueron asesinados. Delon compara la situación con Somalia donde un ataque sobre las fuerzas americanas fue suficiente para obligar a la retirada de la ONU. ¿Se retirará la ONU de Ruanda?, pregunta Christopher.
Delon sólo puede citar sus órdenes del momemto –las cuales le requieren mantener su posición, pero revela su propio dolor, cuando recuerda con orgullo, cuanto hicieron sus abuelos para proteger a los judíos en su ciudad de la agresión nazi.
Los refugiados se alarman, cuando un intruso interahamwe es apresado dentro de la escuela con un machete. Joe tranquiliza a la inquieta Marie diciendo que la presencia de los cámaras de TV los hace estar a salvo de las fuerzas que se están reuniendo fuera de las puertas. Pero ya no se sienten así en la escuela cuando el canto de las milicias Hutu se hace cada vez más provocador y terrorífico.
Es de noche en la llena escuela. Joe y Rachel hablan. ¿Por qué vino él a Kigali? Para intentar hacer una diferencia, para decir gracias por la muy diferente vida segura que tenía, dice Joe. No puede resistir a veces, admite, felicitarse él mismo como estrella de su propio anuncio Oxfam. Rachel entiende su confusión moral –ella informó del horror de Bosnia el año anterior pero sabía que era el mejor trabajo que había hecho nunca-.
Y confiesa a Joe que estaba conmocionada al comparar lo sobrecogida que estaba allí –“Cada vez que veía una mujer bosnia muerta pensaba esa podría ser mi madre’”en comparación con su reacción imparcial en Ruanda –“Sólo son africanos muertos”.
El generador falla, y luego mientras intentan encender lámparas, un grito rompe la oscuridad. Sospechando lo peor, la pareja corre hacia la escuela, para encontrar a Edda en la última fase del parto, ayudada por el Padre Christopher, en su elemento como comadrona. El bebé es un niño y Edda quiere llamarlo Christopher.
Las condiciones en la escuela continúan deteriorándose y están en estado de sitio cada vez más por parte de la milicia extremista alrededor del perímetro de la verja. El Padre Christopher recibe una llamada telefónica alertando del asesinato de sacerdotes y su total congregación en la iglesia de Nyamata. Coge las llaves de la camioneta.
Está decidido a ir al convento –donde ha celebrado misa cada lunes durante los últimos 12 años-. Joe le advierte, “He estado fuera y está destrozado” pero no lo detiene, y pronto tienen una segunda misión. El nuevo bebé no está bien y el Padre Christopher intentará también comprar alguna medicina.
La camioneta de la escuela sale al camino y gira hacia la carretera donde esperan la milicia machete en mano. Una vez en la ciudad, todo está inquietantemente tranquilo.
El tendero Julius sirve a Christopher a regañadientes, sólo después de que mienta diciendo que el niño es Hutu. Al acercarse al convento otro control de carretera retrasa su avance y claramente lo aterroriza. De nuevo dentro se siente asqueado por la violencia perpetrada sobre las tres monjas.
Vuelve a la escuela, esta vez teniendo que esquivar los cuerpos sobre la carretera que son devorados por los perros. Cuando se acerca Delon para pedir que avise a los refugiados que no se alarmen por los disparos –van a disparar a todos los perros que están causando un problema sanitario al comerse los cadáveres- finalmente Christopher se rompe.
"¿Te estaban disparando los perros a ti?” pregunta sarcásticamente Christopher. Delon está confundido, y Christopher continúa, "Es que según vuestro mandato, si vais a disparar a los perros, eso debe significar que los perros os dispararon primero."
La fe de Christopher lo ha abandonado. Mientras se sienta en la capilla, Joe intenta convencerle de que su ministerio ha ‘hecho una diferencia’ pero Christopher ha tocado fondo. Su misa de bautismo para el bebé Christopher se produce de forma mecánica.
Después, al sonido de las bocinas y los gritos de los ruandeses, llega un convoy de legionarios franceses a la escuela. Después de un breve altercado entre su comandante y el capitán Delon se pone de manifiesto, sin embargo, que ellos están únicamente allí por los blancos, mientras Rachel le dice a Joe que si no hubiera sido por la intervención de Delon sólo hubieran sido evacuados los inmigrantes franceses.
Joe intenta dar a Marie su lugar en el camión que les llevará a la seguridad. Pero no se permite subir a ningún ruandés. En pocos minutos y de forma brutal los camiones son cargados y marchan, y Rachel y Mark han subido. Pero Joe y Christopher se quedan.
Christopher hace una clase de comunicón en la capilla, mientras Joe busca a Edda con la medicina del bebé. Le dicen que Edda y su bebé han decidido marchar, y llega a la verja justo a tiempo para presenciar la brutal emboscada que los interahamwe desencadenan ante la huida de los refugiados.
Edda se ha escondido bajo un arbusto, pero el bebé llora. Joe desea su salvación, pero es incapaz de intervenir mientras un asesino vuelve para matarlos a ambos cruelmente con su machete.
Joe está sobrecogido con dolor y horror. El Padre Christopher puede ofrecer poco apoyo. Es el momento, dice a Joe, para hacer sus bolsas. El sacerdote da un último paseo a través del campamento, a través de toda esta gente que confía en él, en Dios y en la ONU para su seguridad, mientras los cantos de los interahamwe hacen eco alrededor.
Delon trae la noticia de que ha sido ordenado que abandone con sus tropas y salga hacia el aeropuerto.
Joe está furioso porque abandonan a los ruandeses, y no pueden hacer nada. Si, así es, dice Christopher. “Estos niños podrían morir sin tomar la comunión. Nosotros podemos hacer algo sobre eso.”
Un servicio muy sombrío, la primera comunión de Marie, tiene lugar mientras los soldados de la ONU bajan su bandera y cargan los vehículos que marchan. Los ruandeses están desesperados mientras los camiones se reúnen en la puerta principal.
El padre de Marie ruega al capitán Delon, de parte de todos como una sola familia que han vivido juntos y ahora se enfrentan a la muerte juntos, para ordenar a sus soldados que les disparen antes de irse –será un final más rápido y menos doloroso que morir con el machete-. Delon está horrorizado y se siente impotente en respuesta al ruego de Roland para disparar a los niños.
Joe ha empaquetado y debe hacer su camino entre la multitud hacia los camiones. Marie está allí y le pregunta por qué se va. ¿No le prometió que se quedaría? Todo lo que Joe puede susurrar es “Lo siento, lo siento” mientras sube al camión. Luego se da cuenta de que Christopher todavía está allí con los ruandeses. Joe salta.
No tiene el coraje para quedarse. Christopher entiende, pero explica que ellos son su gente. “Mi corazón está aquí, mi alma, y si me voy creo que no lo encontraré de nuevo.” La cara de Joe es un cúmulo de lágrimas mientras sale el camión entre la multitud, dejando a Christopher consolando a Marie.
Luego Christopher mira la camioneta de la escuela. Tiene una idea –puede esconder varios niños en su lona-. Es un posible medio de escape para algunos de los ruandeses. Se sube a los niños rápidamente. Hay sitio para uno más. Su padre empuja a Marie adelante. En un momento de agónica despedida con su padre, ella sube, y el Padre Christopher parte en su viaje más peligroso.
Fuera de las puertas de la escuela multitudes violentas han estado esperando su oportunidad para entrar.
Una vez que el Padre Christopher sale, la matanza puede comenzar. “Empecemos el trabajo” dice Sibomana y la milicia Hutu entra con sus machetes en señal de victoria.
Cuando oscurece el Padre Christopher es detenido en un control de carretera. El tendero Julius está al mando allí. Christopher hace la mejor actuación de su vida manteniendo una conversación con Julius mientras los niños bajan silenciosamente de la camioneta y escapan hacia los bosques.
Finalmente él va demasiado lejos y Julius saca un arma y dispara directamente al cuerpo de Christopher. Mientras cae al suelo, su último suspiro bajo el camión está Marie, segura y dispuesta a escapar para salvar su vida.
Marie corre y corre pasando entre cadáveres por todas partes. Entrelazado con su huida, vemos a la portavoz del Departamento de Estado Norteamericano, Christine Shelley, evadiendo cualquier oportunidad de dar una respuesta directa al tema de cómo calificar lo que está sucediendo en Ruanda. “¿Cuantos actos de genocidio hacen falta para hacer un genocidio?” se le pregunta.
Ahora vemos la matanza en la Escuela Técnica Oficial –hay cuerpos por todas partes-.
Cinco años más tarde y una joven mujer segura detiene un taxi sobre un suelo lleno de hojas en una escuela pública inglesa.
Marie ha ido para encontrar a Joe. Mientras se sientan bajo el frío sol, ella le dice cómo ella tenía su voz en su cabeza todo el tiempo mientras estaba corriendo, recordando, el día en el que él ‘comentó su carrera.
Ella se vuelve hacia él finalmente. “¿Por qué nos abandonaste?” Joe está en silencio. Finalmente admite, “Tenía miedo de morir”. Los dos supervivientes se sientan en silencio juntos.
“Se nos ha dado todo este tiempo,” dice Marie, “debemos usarlo bien”.