Implicado durante el último proceso de desarrollo, John Hurt veía en el guión del filme Disparando a Perros, “lo que parecía una muy buena idea pero una imposibilidad convertida en una muy buena idea que era más que una posibilidad”.
Añade, hablando desde una frondosa colina sobre Kigali, “He estado encantado de estar aquí haciéndola.”
Habla sobre su personaje. “Es un misionero básicamente. Está a cargo de una escuela en Ruanda y ha estado allí durante muchos años, unos 25, probablemente 30 años en África, no necesariamente todos en Ruanda. Así que es un defensor avezado por así decirlo. Es católico y ha llegado a la etapa quizá de un cierto cinismo, puesto que piensa que por mucho que uno lo intente, realmente no se llega a ningún lugar. Y no es hasta el catastrófico final del éxodo de todos los blancos engendrado por el genocidio, que reencuentra su convicción y se da cuenta de que su alma está aquí, siempre ha estado aquí y decide quedarse.”
Hubo motivos personales, además de su colaboración profesional establecida con Michael Caton-Jones, que hacían que el papel del Padre Christopher acertara el tono exacto para Hurt.
“Mi familia desciende de misionarios, monjes, catolicismo, conversiones, sacerdotes, etc. y por eso no tuve que hacer ninguna búsqueda en ese sentido.” Continúa, “Trata de haber sido educado con la idea de la convicción, de una llamada, -la oportunidad de interpretar a alguien que es puesto a prueba duramente en ese mismo área era algo irresistible.”
Hurt marca un paralelismo entre su elección y la de su personaje. “La gente me dice a menudo con curiosidad ‘pero no es tu padre un cura, como si esto hiciera el ser actor una imposibilidad, y digo, bueno, es el mismo negocio, diferente departamento.
Y es interesante mirar en el otro departamento. Existe definitivamente una similitud en tanto en cuanto estás tratando con lo espiritual en algún sentido en ambos, de forma bastante diferente, pero sin embargo, tratas con esa área de la vida, no estás tratando con lo material por raro que parezca, y no tratas con mentiras. Quiero decir que lo único que un actor siempre está intentando hacer es encontrar la verdad, como haría un poeta, sabes.”
Trabajar con Michael Caton Jones de nuevo también era un placer, “Hace ahora 16 años desde que le conocí. Es un hombre muy directo, que es una especie de protección de alguna forma, puesto que a menudo es un hombre extremadamente sensible, y muy, muy perceptivo.
Puede ser difícil y todo tipo de cosas, pero es una forma de disimular en un sentido para poder, a su forma, hacer lo que quiere, lo cual todos los directores harán de una forma u otra. Y el otro lado de él, que no puede pasarse por alto, es que es un soberbio artesano y sabe cómo las cosas se ensamblan.
Sabe cómo dar ritmo a una pieza y a todo lo que tiene que ver con la realización de películas, y también conoce el trasfondo gramatical del cine. Muchos hombres de los que aparecen nominalmente bajo el nombre del director no saben!”
Ambos se vieron afectados por el proceso de hacer la película en Ruanda. Hurt observa que el genocidio “era a escala masiva.
Así que estaba más allá del intelecto y más allá de la emoción en el sentido que la emoción de ello es inimaginable –así que se convirtió de forma rara en una experiencia espiritual-. Al hacerla aquí, me resultó casi imposible imaginar haberla hecho en otra parte.”
Hurt espera que la película tenga oportunidad de resonar en todo el mundo. “Es una llamada de alerta en algún sentido hacia el idealismo. E
s una llamada hacia el hecho de que deberíamos hacer caso de cada pelea, lucha, desacuerdo, no necesariamente a nivel político sino a nivel humano,-al hecho de que el mundo está hecho no de buenos y malos sino de personas que pueden cambiar y doblarse en todo tipo de formas, de que estamos de hecho a 360º, cada uno de nosotros.
Me gustaría ver a la humanidad empezando a entender que en algún lugar del camino tiene que haber un giro.”