A consecuencia de su formidable poder de concentración Arqúímedes había ignorado el asalto que las tropas romanas realizaron sobre la ciudad de Siracusa, donde vivia y esa distracción le costo la vida.
Las últimas palabras de Arqúímedes fueron dirigidas al soldado romano que le daría muerte: "¡Apártate de mis planos!", dicen que dijo antes dé caer atravesado por la espada enemiga.
Era en el 212 a.G. y el sabio griego, a los 75 años, estaba encerrado en su casa de Siracusa, enfrascado en un problema matemático.
Cuando los legionarios interrumpieron sus estudios, distraído, sólo se preocupó por sus fórmulas y le dio la orden fatal al soldado invasor, quien lo asesinó desobedeciendo e| mandato del general Marcelo.
Este había exigido que se respetase la vida del prisionero y, por consiguiente, ordenó ejecutar al legionario que le diera muerte.
Árqúímedes recibió las honras fúnebres destinadas a los grandes sabios, y en la lápida de su tumba se grabó un cilindro con una esfera circunscrita; un modo de inmortalizar el teorema con elcual el genial matemático estableciera la razón entre los volúmenes y superficies de ambos cuerpos.