Un entomólogo del sur de Florida, Gene Lamire, ha tenido la ingeniosa idea de construir trampas para mosquitos con olor a aliento de vaca y acabar así con una de las plagas tradicionales de esta zona del planeta.
Con ayuda del Departamento de Agricultura, Lamire ha diseñado una trampa que usa como "carnaza" una sustancia química denominada octenol, que básicamente es aliento de vaca enlatado.
Cada trampa lleva instalados pequeños ventiladores en su interior que envían el aroma al aire, lo que atrae a los mosquitos.
Cuando éstos se acercan lo suficiente, son absorbidos por un recipiente de vidrio, donde mueren asfixiados por el aroma que tanto les gusta.