Dos biólogas de la Universidad de Nueva York, Bárbara Ellis y Carol Simón, han descubierto que ciertas especies de lagartos se orientan de forma similar a como antiguamente lo hacían los marineros que utilizaban un sextante.
Dichos lagartos tienen algo parecido a un sextante orgánico situado encima de la cabeza. Ambas científicas consiguieron atrapar un total de cuarenta ejemplares de la especie Sceloporus Jarrovi, a los que cubrieron su "tercer ojo" con una capa de pintura. Después, los pusieron en bolsas junto a otros cuarenta lagartos que no habían sido pintados, y los soltaron a todos juntos a unos doscientos metros de sus refugios.
Los lagartos que no fueron pintados encontraron el camino correcto de regreso en apenas media hora, mientras que el resto, que tenían inutilizado el "tercer ojo", quedaron vagando sin rumbo fijo. El experimento confirmó que los lagartos necesitan el "tercer ojo" para poder orientarse gracias al sol.