Fueron inventados por Earle Dickson en 1920, quien estaba cansado de ponerle estorbosas vendas a su joven esposa, que constantemente se cortaba o quemaba haciendo los quehaceres domésticos.
Le aplicó unas tiritas adhesivas que inventó y que tenían en el centro un pedacito de algodón y gasas que lo detenían.
Se dio cuenta que era muy útil su invención y la fabricó comercialmente, pero nadie las compraba, hasta que se le ocurrió regalarlas a los carniceros que se herían con sus cuchillos y a los boy-scouts de Estados Unidos.
Con el tiempo se popularizaron y le dieron a ganar tanto dinero que su esposa no tuvo necesidad de volver hacer el quehacer.