El bastón mitológico por excelencia fue el Caduceo, una vara larga en la que se entrecruzan dos serpientes.
Este bastón alado, según la mitología helénica, es el que recibió Hermes de manos de Apolo, pero otra versión asegura que fue el mismo Hermes quien, viendo dos serpientes que luchaban entre sí, quiso separarlas poniendo su vara de por medio.
Las serpientes pararon de luchar y se enroscaron en el bastón. Este hecho significó para los romanos que el Caduceo fuese un símbolo de armonía y reconciliación.
Los alquimistas por su parte ven en este instrumento casi mágico una herramienta permutadora capaz de transformar el plomo en oro.
Las modernas teorías interpretativas prefieren ver el bastón como el camino de la vida y las serpientes como un mito de las dos naturalezas del ser humano: el materialismo y el espiritualismo.