Les brindamos aquí una extensa entrevista con RÉGIS WARGNIER director del fime Plaga Final, que seguro les aportará muchos datos sobre la película, su argumento y los actores elegidos para protagonizarla.
¿Cómo consiguió el proceso de adaptación de “Pars Vite et Reviens Tard” (Plaga Final)?
Un día en 2004, recibí una llamada de dos productores de LGM, Cyril Colbeau-Justin y Jean-Baptiste Dupont, que querían verme. Me explicaron que con Gaumont, habían comprado los derechos del libro de Fred Vargas, y que estaban haciendo una adaptación con dos jóvenes guionistas (Julien Rappeneau y Ariane Fert), y que querían que yo la llevara a la pantalla. Les dije que tenía que leer la novela para ver si el universo y la historia me interesaban, y si ese era el caso, leería la adaptación que se estaba haciendo. La lectura del libro me sedujo por la importancia y la particularidad de la atmósfera, la riqueza y originalidad de la intriga, la calidad de los personajes...
Leyó el guión de Julien Rappeneau y Ariane Fert...
Ellos habían conseguido lo más difícil. Es decir, habían restituido la intriga con su complejidad, sus personajes secundarios, aunque con algunas libertades –necesarias-. Pero ese guión tenía todavía los defectos de sus cualidades: Julien y Ariane habían hecho un tejido tan tupido que los personajes eran, según mi opinión, sacrificados un poco en aras de la intriga. Les dije que pensaba que había trabajo a hacer con los personajes y que si estaban de acuerdo, me encantaría trabajar con ellos. Eso es lo que hicimos.
¿Qué es lo que le gustó justamente de este proyecto?
La posibilidad de hacer una película policíaca! Todos soñamos, creo, con hacer una película policíaca. Y además una película policíaca actual, y no como buscan todos los cineastas de mi generación, una película policíaca de los años 80s. Pero una película policíaca con los gustos de hoy, donde la historia y el presente se corresponden y se mezclan, una película anclada en nuestra modernidad.
¿Qué completó Vd. con los guionistas?
En primer lugar, tienen talento, son simpáticos y les gusta mucho el libro, eso ya era algo bueno. Después, no son de mi generación, lo que es interesante. Aunque se han alimentado de clásicos, son de un cine más contemporáneo. Evidentemente no tienen el mismo punto de vista, no se interesan forzosamente por los mismos personajes, tienen otra aproximación al trabajo y los diálogos, igualmente son a menudo fieles a los diálogos del libro porque son divertidos. Finalmente, siempre es apasionante contactar con gente que no conoces. Existe todo un replanteamiento de sus costumbres, sus preocupaciones... Afirmación que he hecho a personas que no estaban del todo convencidos de que tuviera razón. Y eso está bien.
¿Estaba familiarizado con los otros libros de Fred Vargas?
No enseguida. No pude conseguir todos los libros -por problemas de derechos-. En cambio, una vez que teníamos el guión en marcha, me puse a leer todas las novelas, y con prioridad todas en las que aparecía Adamsberg. Esto me dio una idea más precisa de los personajes recurrentes. Por otra parte, después, hice una pequeña ficha sobre cada personaje, con sus rasgos de carácter, anécdotas, tendencias, y se las di a los que los encarnaban: José García (Adamsberg), Lucas Belvaux (Danglard) y Linh Dan Pham (Camille). Así que tuvimos mucha ayuda...
¿Intentó implicar a Fred Vargas en la escritura del guión?
No. Creo que ella no lo hubiera querido. Además, yo llegué a un tren que ya había partido y que ya lo había dejado claro con ella. Esto no impidió que una vez que el guión estuvo terminado, tuviera ganas de conocerla. Sólo quería decirle que hacía muchos meses que me paseaba por su imaginario y... que me encontraba bien. Quería contarle también con qué espíritu hemos trabajado en la adaptación, porque una película, es evidentemente muy diferente a una novela. Le llevé el guión. Con ella y su agente, charlamos, cenamos, bebimos... Y después, muy amablemente, ella me dijo: “No voy a leer el guión, porque soy una mujer de palabras. Así, si lo leo y encuentro una palabra que no me resulta, voy a fastidiar después, cuando se ha hecho justamente para hacer las imágenes, pero que os vaya bien!”. Es una persona muy simpática, con una fuerte personalidad.
Entre las libertades que se tomó con la novela ¿la más importante es la resolución de la intriga...?
Dudamos mucho y trabajamos mucho en esta resolución. Pero tal y como está en el libro, me parecía demasiado larga y demasiado compleja para filmar. En la imagen, no hubiera podido dejar escapar una pequeña parte laboriosa. Así que conservamos el espíritu –y esencia- de la resolución aunque simplificándola. Hicimos como con el resto de la adaptación: suprimimos ciertos personajes, ciertas situaciones redujeron su importancia. Reforzamos e igualmente inventamos otras. Una película no puede ser una copia exacta de un libro. Tiene otras reglas, otras limitaciones, otros motores... Lo que nos han guiado a lo largo de nuestro trabajo, es el deseo de ser fieles al espíritu, al universo, a la aproximación de Fred Vargas más que la preocupación de una ilustración estricta de su libro.
Igualmente modificó el punto de partida de toda la historia, al hacer un flash-back y que se desarrolla en África...
Ya estaba en la primera adaptación de Julien y Ariane que leí. Su invención, el episodio africano, no presentaba desventajas. Permitía estrechar los vínculos con otros personajes, y unificaba el conjunto. Y además yo lo tomo por mi pequeña falta de exotismo... Más seriamente, quería que se hiciera una historia que viene de otra parte. La hacía por tanto más fácil de ocultar al hacerla partir de un tiempo pasado y también de un lugar lejano.
¿Qué hizo de José García un buen Adamsberg?
José forma parte de esos actores muy trabajadores y modestos, que nunca dirías hasta qué punto trabajan. Sé que ha leído los otros libros de Vargas. Ha reflejado mucho a Adamsberg, ha encontrado una actitud, un estilo, una conducta, una frase, un ritmo... Adamsberg no es un policía como los otros, tiene sus orígenes, los Pirineos, su lado mineral, sus actitudes, sus silencios, su pudor, su historia tiene eclipses con Camille, su relación con Danglard, su incapacidad de decirle a la gente que les quiere. Hay estos momentos que Fred Vargas llama “las fantasías de los que remueven las nubes”, esos momentos donde se retira un poco del mundo, donde habita repentinamente, en medio de intuiciones fulminantes, de presentimientos curiosos... Existe en definitiva una extraña mezcla de distancia y proximidad que se mantiene todo el tiempo con aquellos que le rodean. Sabía que José tenía en sí mismo esta intensidad, esta densidad ideal para hacer que todo esto sucediera. Además tiene el encanto de Adamsberg. Hablamos con los productores, con sus socios de Gaumont, con mi agente, Bertrand de Labbey que, siendo gran amante de las novelas policíacas, se interesó mucho por este proyecto, donde todos nos pusimos de acuerdo bastante rápido. José, contento de que le propusieran un personaje semejante, aceptó enseguida. Tiene hoy una madurez que hace que esté completamente preparado para este tipo de papeles. Y además, es muy agradable trabajar con él. Las relaciones son simples, justas.
Enseguida construyó el resto del reparto alrededor de él...
Si. Para Danglard si compañero de trabajo, tenía muchas ganas de reencontrar a Lucas Belvaux. Había vuelto a ver en la tele la trilogía que realizó e interpretó (“Un Couple Épatant”, “Cavale” y “Après la Vie”). Lucas tiene una presencia verdaderamente particular. Un poco agresivo y tenaz, a la vez tímido y decidido. También es muy físico. Da la impresión de que no se le podrá empujar del encuadre. Es muy Danglard. Y como José, Lucas se unió inmediatamente al personaje y al proyecto. Además, algo fuerte, una complicidad evidente, se creó inmediatamente entre ellos, como entre Adamsberg y Danglard. Los oigo todavía en el camerino cuando planificaban el rodaje de las escenas de la brigada, trabajar juntos las escenas de noche o al día siguiente, poniendo en sus bocas los diálogos de los dos solos...
Otro personaje importante, igualmente aunque su personaje aparezca veladamente, es el de Camille, la prometida de Adamsberg. ¿Por qué decidió confiárselo a Linh Dan Pham?
Camille, en efecto, es la compañera de los eclipses de Adamsberg. Se dejan, se reencuentran, se dejan nuevamente... Estábamos muy pendientes de este personaje porque todas las lecturas nos acercan al fantasma de Camille. Me encontré que tenía ganas, en la brigada, de una mujer de origen asiático. El director de reparto me enseñó fotos de Linh Dan donde ella estaba un poco sofisticada. Al mirarlas me dije: “Pero... si es Camille”. Su cara, su belleza, su aspecto exagerado a la vez enigmático y misterioso del personaje.
¿Le emocionó volver a trabajar con ella?
Claro que sí. Existe un vínculo muy fuerte entre ella y yo porque “Indochina” cambió el curso de su vida.
La otra mujer importante de la película es Marie, interpretada por Marie Gillain...
En el libro, ella se llama Marie-Belle, pero era una coincidencia demasiado bella: desde que pensé en Marie Gillain para interpretarla, la llamé Marie. Con Marie Gillain, nos faltaba una cita: una novela policíaca que me faltó hacer con ella hace algunos años y que finalmente abandoné. Me encanta Marie como actriz y como persona... Es un placer trabajar con ella. También diré que tiene mucho coraje. Tenía algunas escenas de acción que no eran fáciles. No dudó en sumergirse en el Sena. Para hacer de su hermanastro, Damas, enseguida pensé en Nicolas Cazalé. Le había visto en “Le Grand Voyage”, y en “Saint-Jacques La Mecque”... Es realmente uno de los actores más prometedores de su generación. Marie y él se lanzaron en las acciones más difíciles con mucha generosidad, entre cólera y emoción...
Y para Decambrais, ¿pensó enseguida en Michel Serrault?
Un año, el el Festival de Deauville, Michel, que conozco desde hace veinticinco años, bajó de sus alturas (Honfleur) para cenar con nosotros. Y me dijo: “¿Cuándo me harás rodar?” Días más tarde, después de haber hablado con los productores, le llamé y le dije: “Tengo algo para ti”. Enseguida aceptó. No había leído el libro pero estaba encantado de rodar con José. “Eso es, como digo, lo quiero mucho”. Eso es lo divertido, que si ponemos en un cartel “Serrault-García”, la gente dirá: “Es una comedia” o simplemente, era eso lo interesante: poner sus dos caras una al lado de la otra, en una película policíaca, en una película negra. Eso es lo hermoso de la relación Adamsberg / Decambrais, es este reencuentro entre un ser que no tiene más esperanza, porque la vida se le ha roto, frente a quien siente una fisura viva, con alguien que se supone representa todo lo que injustamente le ha roto su vida, un policía. Y es ese reencuentro precisamente el que le devuelve el gusto por la vida...
Para interpretar el personaje más atípico del libro, sin duda el menos realista, el del vendedor... ...
Es quizá irreal pero Fred Vargas, con su libro, ha resucitado el oficio: después de la publicación de “Pars Vite..” ahora hay 200 vendedores ambulantes en Francia.
¿Qué le hizo elegir a Olivier Gourmet?
Es verdad que no ha sido un papel fácil de adjudicar. Es un profesional que ha desaparecido y que tiene una función de proximidad, de buena convivencia, de cuartel... Por cierto, antes de hablar del vendedor me pareció importante a mí elegir el lugar principal de la película: la plaza donde se encuentra la pensión familiar que tiene Decambrais, la tienda de Marie y Damas, el café, la urna del vendedor, el vendedor, el lugar donde todo sucede... Faltaba encontrar un lugar que fuera mejor que creíble: evidente. Donde se pusiera de manifiesto la cuestión de la escritura. Por supuesto, fui a ver Edgar Quinet donde Fred Vargas situó la acción. Pero pensé que cinematográficamente, no funcionaba demasiado bien... Es más bien un cruce que una plaza. Como no tenía ganas de buscar más en el París convencional, las viejas piedras y las postales, miré por el París modernos: la calle 12, la 13, la Plaza des Fetes, la 20, la 19, La Defensa, Beaugrenelle... Pero aparte de un nuevo lugar en La Defensa, nada me sedujo realmente. Retomé mi plan de París y me dije que iba a volver a empezar a pie por el centro –me encanta caminar por París-. Comencé por Beaubourg y miré con otros ojos la pequeña plaza, la Plaza Stravinsky, a poca distancia de la Piazza Beaubourg y literalmente tuve el flechazo, como para un actor. La iglesia Sain-Merri, una de las más viejas de París, frente al museo más moderno de la capital, el agua, el estanque, las estatuas móviles de Nikki de Saint Phalle, Ircam, los restaurantes, el pasaje, la piedra... Tenía todo lo evidente. Y de igual forma una especie de entrada natural para el vendedor ambulante. Fue entonces cuando pensé en el personaje. Me dije “Hace falta un actor excepcional, alguien singular, que haga un personaje del todo creíble”. No fue necesario hacer la pregunta: “¿Qué es este tipo, un vendedor? ¿En París? En el siglo XXI. Y pensé naturalmente en Olivier Gourmet, del que soy un gran fan desde siempre, (por cierto, yo formaba parte del Jurado de Cannes que le dio el premio de interpretación por “Les Fils” de los hermanos Dardenne). El día que llegó al rodaje, y que empezó su venta en la Plaza Stravinsky, no salí del asombro. Estaba allí, era justo, era realidad.
¿Cómo definiría su puesta en escena?
Primero, con Laurent (Dailland, su operador jefe desde “Este Ieste”), se decidió rodar en scope para poder estar más cerca de los personajes, o al contrario para las tomas en el espacio... Me dejé convencer por Laurent para utilizar el scope que, desde “Man To Man”, trabajo con un cámara inglés, Stuart Howell, que está muy cualificado y se ha convertido en un colaborador esencial. Al principio, tenía la cámara fija y, hoy, hace igualmente el encuadre. La fluidez de la película le debe mucho... En la puesta en escena, mi obsesión era dejar que la vida –y la ciudad- entrara en el máximo de encuadres, hacer de forma que la cámara estuviera al servicio de los personajes, y no al revés. Es decir, que con frecuencia, empezaba por poner la escena en lugar sin cámara. Se veía, con los actores, como se desarrollaba de la forma más real, más natural, la más justa posible. Y después únicamente, se filmó como se requería... Finalmente, elegí rodar todas las escenas de confrontación, de conflicto, en todas las escenas con dos personajes, en plan secuencia, filmándolas en su tiempo real. Al rodar en tiempo real y como la toma dura muchos minutos, se tiene el sentimiento de que los personajes toman el paso por encima de los actores. Creo que es más placentero, más excitante, para un actor trabajar en la duración de la escena que por pequeños planos sucesivos.
¿Cuál ha sido para Vd. la dificultad más grande de este proyecto?
La dificultad más grande de la adaptación, es probablemente la intriga. Pero la dificultad más grande del cine, es la atmósfera. ¿Cómo crear una atmósfera? Se nos escapa. Evidentemente, existe la luz, los sonidos, la música, los actores, el ritmo, la elección de los lugares... Todo esto es una alquimia misteriosa. Sé bien que cuando uno se empecina en la creación, se arriesga a no llegar. Se me parece a las primeras reacciones cuando se consigue crear algo duro, angustioso, tenso...
Ud. dijo, en la realización de la atmósfera, que los lugares tienen una gran importancia...
Si. Se debe dejar hablar al lugar. Otro lugar capital es el cuartel, que es el lugar de Adamsberg. De la escritura, pensé en “la Manufacture des Oeillets” en Ivry, porque es un lugar increíble, concebido por los arquitectos americanos de finales del siglo XIX: hay ladrillos, cemento, hierro, vidrio. Los muros están hechos de vidrios unidos por armaduras metálicas, y está totalmente abierto al exterior... Ante la ventana de cristal, Adamsberg puede reflexionar. Está alerta... Los famosos sueños de Adamsberg, van con este decorado... Además nos permitía jugar con la luz natural. Sin engañar. Por supuesto, era necesario un poco de malabarismo con el plan de trabajo porque la luz no era la misma todos los días. Cuando se ponía gris, se emplomaba la atmósfera. Cuando hacía buen tiempo, se creaban contrastes y contraluces magníficos. Se decidió jugar con esto. Como con las luces de la ciudad, la noche: igualmente quería para Adamsberg un apartamento donde no se viera nada salvo el exterior. Quería que la ciudad entrara en su casa, porque él velaba por ella. También hay ventanas de cristal, y detrás, un barrio moderno con su emanación, los contornos y las luces...
Lo que también participa en la atmósfera de la película, es el contraste entre su lado evidentemente novelesco y el aspecto realista del trabajo de los policías, los forenses, los científicos...
Creo que había necesidad de este aspecto realista, moderno, contemporáneo, justamente para estar junto al lado novelesco, para hacer reposar sobre bases sólidas. Nuestra primera preocupación fue dar una importancia verdadera a la peste y a la amenaza de la peste...
Y ¿hubo una epidemia de peste en París en 1920?
Si, en Clichy, y en Levallois. Es la última en Francia. Está claro que hay más en el mundo hoy en día con la gripe aviar, las imágenes de Hong Kong en “cuarentena” y las máscaras de protección, las epidemias que se transmiten de forma desconocida, sin duda por vía animal, como la peste, estos riesgos que no se controlan, de todo eso hablamos... Era interesante tratarlo. Julien y Ariane habían hecho evidentemente mucha investigación. Pero a mí me gusta también hacer la mía. Tuve una entrevista con la especialista de la peste en el Instituto Pasteur. Charlé con ella durante dos horas. Quedé totalmente impresionado por esta mujer desconcertante que me explicaba que la última puerta de su oficina “había suficientes bacterias como para contaminar el mundo entero”, escena que he restituido casi totalmente en la película. De la misma forma, he hecho investigaciones sobre la medicina legal para ver qué es la rigidez cadavérica, en cuanto tiempo sucede, como se hace una autopsia, las extracciones, el tiempo que dura... Tenía que conocer todo esto para que las escenas parecieran justas. Las buenas series policíacas americanas nos han enseñado a trabajar hoy con precisión. No se puede decir que no importa la policía científica, la medicina legal. Lo mismo con la policía. Frédéric Schoendoerffer me aconsejó ir a ver a un jefe de sección en la brigada criminal con el que había trabajado en “Scènes de Crime”, el comandante Baudot. El me recibió, me presentó a toda su brigada, después leyó el guión, hizo anotaciones. A continuación, volvió a revisarlo y me dio consejos. Se reencontró con José y Lucas, desayunó con ellos y les presentó a su pleitista, ha venido regularmente al plató...
Otro elemento indispensable en la atmósfera: la música. Una vez más, como desde “Indochina”, ha llamado a Patrick Doyle...
Bueno, evidentemente, quería volver a trabajar con él, y con más motivo en una película como esta, una película de atmósfera.. Pero no sabía si podría entrar en el presupuesto de una película franco-francesa. Él acababa de hacer la música de “Harry Potter”... Con los productores, se definió el presupuesto de la música, y fui a ver a la productora de Patrick en Londres, y me dijo: “Se arreglará”. Y he aquí, hice traducir el guión en inglés para Patrick, y cuando tuve un primer montaje, se lo envié y empezó a trabajar en los temas, las melodías... A continuación nos vimos mucho. Hablamos como siempre de todo y de nada, de momentos de suspense, de ciertas películas y de ciertos compositores que apreciamos en común. Y claro está, también hablamos de la película sin orden ni concierto. Por ejemplo, le dije: “Me encantaría un tema para Adamsberg, porque es una persona que deambula, un caminante, un soñador... y después puso en imagen sus visiones, unas visiones que están entre la intuición y la memoria, y será necesario que encuentres un tema para eso. Y después otra, sentimental, para Camille...”. Hizo una tarea increíble, un trabajo de una gran inteligencia, de una gran comprensión de la película. Su música participa en la coherencia del montaje, en su fluidez. Es una música de atmósfera, de tensión de angustia, es una bella música de cine negro.
En cambio, es la primera vez que trabaja con los productores de LGM, Cyril Colbeau-Justin y Jean-Baptiste Dupont...
Si y fue muy agradable. Ellos se complementan muy bien. Uno lleva más la economía y las finanzas, y el otro más el guión y la parte artística, pero ambos, uno y otro, son excelentes interlocutores. Ellos me dieron confianza y mucha libertad...
JOSÉ GARCÍA ¿Conocía las novelas de Fred Vargas cuando le propusieron “Pars Vite et Reviens Tard”?
No. Había oído hablar por supuesto, pero no había leído ninguna. Cuando Régis me propuso “Pars Vite et Reviens Tard”, al principio me quedé enganchado con el título. No comprendía su significado, lo encontraba muy intrigante, muy seductor. Desde que leí el guión, me encantó la propia atmósfera que se desprendía, siendo evidente que la atmósfera es justamente una de las cosas más difíciles de trasladar al cine. Después encontré la historia original, singular, con su pequeño lado esotérico, este universo casi barroco. Pero sobretodo, lo que tenía de formidable, eran los personajes. Y por otra parte, reencontré todo eso en las novelas de Fred Vargas cuando las leí.
En su opinión, ¿por qué Régis Wargnier y los productores pensaron en vd. para interpretar a Adamsberg?
No mismo no me he querido hacer la pregunta. Cuando leí el guión, me dije: “No pidas descansar, buen hombre! Acepta rápido, este comisario Adamsberg, antes de que cambien de opinión!”. Este es el tipo de personajes que me fascinan y que sueño con interpretar. Porque son densos, humanos, complejos, interiores...
Para los fans de Fred Vargas, Adamsberg es un personaje de culto. ¿Sintió una especie de responsabilidad de cara a sus lectores?
Sabía que tenía un peso enorme sobre los hombros! Ya había interpretado películas que eran adaptaciones de novelas (“Les Morsures de l’Aube”, de Tonino Benaquista, “Extension du Domaine de la Lutte”, de Michel Houellebecq, “Le Couperet” de Donald Westlake), pero nunca había tenido tantas reacciones antes del estreno del rodaje. No paraba de cruzarme con gente que me decía: “Ah, ¿eres tú el que hace de Adamsberg?” Hay justo el tono que variaba según quien hacía la pregunta. Había un tono de satisfacción. También había aquellos que se sentían un poco celosos –los comprendo-, y aquellos que se alegraban por mí. En todo caso, sentí mucha presión. Sabía que tenía una gran responsabilidad y, al mismo tiempo, la obligación absoluta también de no quedar atrapado en una idea literaria, si no era hombre muerto. Una película no es un libro. Es necesario que la adaptación sea fiel al espíritu, pero sin olvidar jamás los códigos y reglas del cine –si no se pierden los espectadores-. El cine, sobretodo un thriller como este, es forzosamente un compromiso entre la imaginación de un autor y la realidad. Yo debía tener también el interés de la gente que no conocía a Adamsberg y que no había leído las novelas de Vargas.
¿Cuál es su toque en Adamsberg?
Ese aspecto “los ojos en las montañas”, este aspecto mineral que tienen los Pirineos, esa calma aparente que no disimula siempre bien las heridas secretas, el hecho de caminar todo el tiempo, y también que él dibuja sin parar... Es como si se evaporara. Es una situación formidable de interpretar para un actor: alguien que puede a la vez escuchar lo que se ha dicho y pensar en otras cosas... Es interesante de interpretar los contra-ritmos, de interpretar una escena pensando en otra cosa. Estos son los personajes que fatigan bastante al interpretar porque, tienen en sí mismos una falsa indolencia que debe estar siempre presente y sobretodo extremadamente pesado... Es agotador pero... una alegría.
¿Qué ha sido para vd. lo más difícil?
Para la atmósfera, yo confiaba en Régis y en su puesta en escena. Para Adamsberg, me preocupaba poner al máximo el espíritu del personaje y, al mismo tiempo, adaptarme a las necesidades del cine. Creo que lo más difícil era encontrar su ritmo. Porque la diferencia esencial entre un libro y una película es justamente eso. Si se ciñe al ritmo de la novela, en la imagen todo parece demasiado lento... Debía encontrar el ritmo interno de Adamsberg. Aunque sólo sea, por ejemplo, el ritmo al que él camina. Ni demasiado deprisa, ni demasiado lento. Y era necesario que lo integrara totalmente para que, si un día, bajaba la guardia y me ponía a caminar demasiado deprisa, me diera cuenta inmediatamente. Tenía que trabajar su ritmo para que fuera coherente en duración, para que se pudiera ver a Adamsberg pasar de forma natural de un extremo al otro, es decir, de esos momentos donde está a punto de parar, del abandono, perdido en sus sueños, a esos instantes donde, repentinamente, todo se acelera, donde debe correr tras un sospechoso, a detener a otro, a interrogar brutalmente –como si, bruscamente, su ritmo cardíaco se acelerara-. Quería darle su peso. Al hacer un tipo sólido que puede al mismo tiempo mostrarse sobrepasado por los acontecimientos sin, por otro lado, paradójicamente, perder el control...
Vuestra interpretación está a años luz de la imagen que se podía tener de vd. a través de ciertas comedias y, al mismo tiempo, no se tiene el sentimiento que haya hecho el efecto de un cambio de registro, sino de una prolongación natural de su trabajo, sólo que esta vez más subterráneo, más interior, más contenido...
Es amable, gracias. Para mí, el verdadero cambio de registro es un error de reparto. Cuando los papeles están realmente demasiado lejos de uno, salvo si es una comedia, o si es un personaje extremadamente desfasado, tiene todas las posibilidades de que parezcan falsos. No hace falta ser estúpido y querer realizar los desafíos imposibles –sobretodo, ¿para demostrar qué?-. En cambio, hay papeles que de repente muestran tu evolución como ser humano, la edad, la experiencia que da acceso... Como si hiciera falta trabajar mucho y romperse bastante las narices, y llegar a la madurez tanto como actor así como ser humano, para poder reencontrar papeles como el de Adamsberg. Ya he hecho dos o tres películas que van en esta dirección. Adamsberg es un paso complementario, forzosamente apasionante... Mi placer ha sido interpretar un personaje como este, con un verdadero poder interior. No trabajar desde lo externo, sino construir más profundamente, de forma más subterránea, no hacer sino ser. En lo que me concierne, -veremos que dice la gente a la salida del cine-, me ha aportado mucho. Además, tengo la sensación de que llega en un buen momento, y que yo estoy listo.
Tiene la reputación de trabajar mucho sus papeles. ¿Qué preparación precisa hizo para “Pars Vite...”?
Para aproximarme al máximo a Adamsberg, me impregné de los libros donde es el héroe, y especialmente “L’Homme aux Cercles Bleus”, donde aparece por primera vez... Y después, lo que fue interesante, siempre desde la óptica de ajustarse a la realidad del cine y al mismo tiempo a la realidad a secas, fue hacer de forma que, más allá del aspecto novelesco y de la historia, los gestos y las situaciones parecieran precisas. Para ello me reuní con el comandante de los policías de la brigada criminal, comandante Baudot. Vi como trabajan, como intervienen, qué era reglamentario, y qué no lo era. Hasta los detalles. Como el hecho, por ejemplo, de ir de punta en blanco y llevar corbata: los que son de permanencia, pueden ser llevados durante la jornada a ver al ministro o a un embajador...
En la película, se ve a menudo a Adamsberg dibujar mientras la gente le habla. Y en el rodaje, entre tomas, vd. también lo hacía a menudo...
Me encanta dibujar. Y es cierto que para relajarme entre tomas, dibujaba bastante. Eso ilustra bien la naturaleza de Adamsberg. Mire los niños, es lo mismo. Cuando colorean, cuando hacen el dibujo, se dejan un poco de sí mismos. Existe una clase de abandono y también un cierto bienestar. Si Adamsberg dibuja a menudo, es que está en una situación de estrés bastante pesada y que es a la vez –siempre la misma paradoja-, una forma de evadirse y de reflexionar. Me impresionó al hablar con la gente de la brigada criminar ver que muchos tenían aparte de su trabajo, pasiones extremadamente positivas –la música clásica, el cine, la pintura...-. Como un contrapunto a las situaciones tensas que viven, a las relaciones muy cargadas en las que se encuentran, al hecho de estar sin cesar rodeados de cosas terribles, de crímenes sangrientos y de muertes. Como si tuvieran la necesidad de ir hacia la belleza y el arte no únicamente para salir del ambiente cotidiano sino sobre todo, para creer todavía un poco en el hombre, en la humanidad. Para mí, en el rodaje, dibujar como hacía, era también una forma de permanecer en la atmósfera, de hacer pasar el tiempo durante la puesta en escena, durante la espera, en las ganas de interpretar... Igualmente, durante “Pars Vite...” pasé bastante tiempo también discutiendo entre las tomas con mis colegas. No podía privarme de un momento con Michel Serrault !
Justamente, se ha dicho que Michel Serrault era una cita que vd. esperaba...
Ah, si. Hay gente como es el caso con él, egoístamente, por miedo, que decide de pronto, por hastío, dejar la profesión sin haber tenido la posibilidad de trabajar con ellos. Francamente, tenía miedo de que se acabara así con Michel Serrault. Tenía muchas ganas de trabajar con él. De reencontrarme con Michel, de interpretar con él, !qué suerte¡ ¡Qué suerte escucharle noches enteras ! Al menos yo ya lo habré conocido ¡ Gracias Régis! Además, como canta Frances Gall, “Es quizá un detalle para ti, pero para mi, esto significa mucho”, el verdadero regalo, es haberlo encontrado en una película de cine negro, y no en una comedia. Es formidable tener ocasión de poder hacer cambiar la visión que la gente tiene de nosotros. Dos actores considerados a menudo como payasos, que casi comenzamos, es cierto, bailando y que se reencuentran para una película seria, profunda, oscura... Es eso también –y es evidentemente reconfortante-, lo que mide el camino recorrido.
¿En qué es Michel Serrault, según vd., un buen Decambrais?
Cuando Adamsberg se encuentra con Decambrais, ve a un tipo vencido, porque siente las heridas y que se implica por tanto, totalmente en este asunto, y lo hace interesante. Y enseguida, le gusta Decambrais. Lo mismo con Serrault. Siente que tiene las mismas heridas, la misma fragilidad. Esa misma mezcla de seducción, de determinación y de vulnerabilidad...
¿Cómo definiría la relación de Adamsberg con su adjunto Danglard?
Son extremadamente humanos. Entre respeto y amistad, afecto y pudor...
¿Conocía a Lucas Belvaux antes del rodaje?
Apenas. De hecho, somos vecinos. Nos cruzamos en la calle, al hacer nuestra vida, nos saludamos en la panadería e intercambiamos algunas palabras. Éste ha sido un bello encuentro. Es muy buen camarada, muy agradable, al que le encanta trabajar y con el que es verdaderamente fácil trabajar. Ha hecho un Danglard que no tiene miedo de decir sus cuatro verdades a Adamsberg. Lucas tiene una extraordinaria presencia, siempre está ahí, con una bondad formidable que le pertenece a él. Tiene ciertamente un ritmo y una cadencia particulares, una forma de interpretar, de modular la voz... Danglard como Lucas son tipos a los que les gusta hablar con la voz baja, un poco contenida, y no son grandes habladores. Tanto uno como el otro, son una presencia cotidiana muy tranquilizadoras. Francamente, el reparto ha sido mimado. Más que de historias de familia, se podrá hablar de personas generosas en un plató, de personas apasionadas, sin falsos problemas, de buena composición, entusiasmados con la idea de montar la película en sí misma.
Hay una audacia en el reparto, que es la de haber confiado a Linh Dan Pham el personaje de Camille, fantasmal para los fans de Vargas...
Desde que supe que era ella, pensé que era una idea soberbia. Linh Dan tiene en sí misma el misterio que posee precisamente Camille. Es una interpretación muy hermosa de lo que imaginó Fred Vargas. Además, me vi rodeado... de dos bellas mujeres.
¿Conocía vd. a Marie Gillain?
No. Es una buena camarada, viva, generosa, con talento, agradable para trabajar, interpretar, vivir... Como todos, en este rodaje... También está el joven Nicolas Cazalé. Un chaval muy guapo, pero que no interpreta absolutamente por su físico. Hay bellas escenas de intensidad y emoción. Y después, por supuesto, está Olivier (Gourmet). Me ha sorprendido verle también delgado. No ha perdido nada de su fuerza interior. Con esta especie de mirada de lejos, esta forma de estar siempre un poco ceñudo, no tiene que abrir la boca para que suceda alguna cosa. Es formidable. En un momento dado, tuvo problemas de tiempo y rogamos ciertamente, con Régis, para que se solucionaran. No había otro vendedor posible. Y él también es un super-camarada de interpretación.
¿Cómo definiría a Régis Wargnier como director de escena?
He aquí otro buen camarada de interpretación. Desde el principio, fue un director de escena que conocía bien a los actores y que está muy receptivo. Nos dio todas las informaciones necesarias, nos puso en una pantalla, facilitando al máximo nuestro trabajo. Está muy atento y sabía perfectamente introducirnos en el ambiente de una escena. Es un bello reencuentro porque está infundido de intercambio. También es un realizador exigente, que busca siempre lo mejor. No es forzosamente sencillo para el equipo técnico –puede cambiar todo de pronto porque tenga una idea mejor para ir a buscar el plan que será más interesante, más fuerte-, pero para un actor es muy estimulante...
¿Hay una escena que temiera especialmente?
Siempre, por mi pudor, las escenas con Linh Dan o con Marie... Estas escenas donde debo besar, esos momentos un poco sensuales, aunque queden púdicos... No me gustan mucho. Si no que todos los días, tenía la sensación de que tenía escenas extremadamente delicadas de hacer. Particularmente esas escenas de atmósfera donde es difícil en el momento de rodar saber si se han logrado. Una de las dificultades restantes de un personaje como Adamsberg, es que se inscribe en un camino labrado por ciertos policías de película. Aunque cuando tengo una frase del tipo “Las pruebas, envíalas al laboratorio”, tengo la impresión de que resuenan como en una catedral.
Precisamente, en algunas palabras, se marca la diferencia de Adamsberg en relación con esos policías que ha visto?
Sin duda, en el hecho de que un tipo dé órdenes pero sin imponer nada. Y sobretodo, el hecho de que un tipo que siempre está en su burbuja. Con este tono mezcla de ausencia y de presencia, de evidencia y de distancia. Su intuición alucinante, casi un don de médium. Su capacidad de dejarse atravesar por las cosas... Hablé con el comandante Badout de la Brigada Criminal, quien me dijo que era un sentimiento que ellos conocían bien. A veces, les basta con entrar en un lugar para sentir que ha sucedido alguna cosa. Es casi del orden irracional. Como una onda que los atraviesa. Adamsberg tiene esta facultad que hace que ciertos elementos resuenen en él. Cuando todavía está en la resonancia, tiene la mirada un poco perdida, como en otro lugar. Está totalmente en su burbuja, que por fuerza se acaba para trabajar. Igualmente al cabo de un momento, había tomado su lado un poco insociable, no tenía ganas de hablar con nadie. Empezaba un poco a influir sobre mí hacia el final...